Hoy ya no alcanza con hablar de 'prémium' o 'súper prémium'. El foco se está trasladando hacia un concepto más profundo: el valor de la materia prima real.

La evaluación de un alimento se centraba en su composición garantizada. Sin embargo, este enfoque resulta limitado si no se considera la calidad, el origen y la funcionalidad de esos nutrientes.

Actualmente, el desarrollo de alimentos incorpora:
 

  • Proteínas alternativas: desde nuevas fuentes animales hasta opciones, como insectos o proteínas hidrolizadas, que buscan mejorar la digestibilidad y reducir reacciones adversas. 
     
  • Ingredientes funcionales: prebióticos, probióticos, fitonutrientes y compuestos bioactivos con impacto sobre la microbiota, la inmunidad y el metabolismo. 
     
  • Aditivos tecnológicos y funcionales: antioxidantes naturales, quelantes minerales, moduladores del pH urinario, entre otros. 
     

Este cambio implica pasar de una nutrición 'suficiente' a una nutrición estratégica, dirigida y funcional.

Otro eje central es la trazabilidad de los ingredientes. Cada vez se quiere y debe conocer: ¿De dónde proviene la proteína? ¿Es un ingrediente específico o un subproducto genérico? ¿Qué procesos tecnológicos sufrió? ¿Qué pérdidas de nutrientes ocurrieron? ¿Qué desechos se generaron? ¿Son tóxicos?

La diferencia entre 'harina de carne' y 'pollo fresco deshuesado' no es solo semántica: impacta en la digestibilidad, la biodisponibilidad y la percepción de calidad.

En este contexto, la transparencia deja de ser un valor agregado para convertirse en un requisito.


¿Marketing o evidencia científica?


El mercado trae consigo mensajes comerciales. Términos, como 'natural', 'funcional' o 'salud intestinal' aparecen con frecuencia, pero no siempre están respaldados por evidencia.

Para que un ingrediente sea verdaderamente funcional debe cumplir tres condiciones:
 

  1. Tener un mecanismo de acción conocido.
  2. Demostrar un beneficio clínico medible.
  3. Estar presente en dosis efectivas.
     

Cuando estos criterios no se cumplen, es probable que estemos frente a una estrategia de marketing más que a una herramienta nutricional real.

En este escenario, el rol del médico veterinario adquiere un peso aún mayor. Elegir un alimento ya no debería basarse solo en la marca o el posicionamiento comercial, sino en la calidad de sus ingredientes, su digestibilidad real, la coherencia de su formulación, y su adecuación al paciente individual.
 
Comprender la relación entre ingrediente, mecanismo y efecto clínico permite transformar la nutrición en una verdadera herramienta terapéutica.

Uno de los desafíos más frecuentes en la práctica diaria es la percepción del costo. Sin embargo, reducir la elección de un alimento a su precio por kilogramo puede ser un error.

El universo del pet food está atravesando un cambio de paradigma. La calidad de la materia prima, su funcionalidad y su respaldo científico se posicionan como los verdaderos diferenciales.

En este contexto, la nutrición deja de ser una recomendación general para convertirse en una decisión clínica.

Y en esa decisión, el criterio (bien fundado) del veterinario es determinante.

800x120


Por Dra. M. Candela Bonaura
Fuente: All Pet Food Magazine

Sobre el autor

Candela Bonaura

Candela es Dra. Médica Veterinaria , ex investigadora del CONICET, Analista de Investigación y Comunicación Científica, Docente FCV-UNLP en diferentes materias como Patología General, Clínica de Pequeños Animales, Servicio de Microscopía Electrónica, Producción Porcina, Reproducción Animal. Realizó numerosos trabajos de investigación individual y en grupos en diferentes especies como bovinos, equinos, porcinos, equinos, fauna marina, felinos. Disertante en cursos de grado y posgrado en nutrición y reproducción en pequeños animales, dictado de cursos, asesoramiento personalizado a clínicas veterinarias. Atención online y coordinación de eventos presenciales.


Compartir

Califica la lectura


Contenidos del editor